sábado 28 de junio de 2008
Cicatrices: La cicatriz pasa de uva
La primera vez que vi a lo que terminaría siendo la cicatriz pasa de uva fue en un baño. Pero ojo, no en cualquier baño … sino en el baño del Podestá, del viejo Podestá, el que quedaba en Julián Álvarez, el que se inundaba cada dos por tres.
Entré en el baño y ahí estaba ella, con la pata levantada sobre el inodoro. Estaba más blanca que de costumbre y temblaba, no podía parar de hacerlo. Le toqué el hombro y le pregunté que qué le había pasado. Y ahí me mostró … su sandalia que había sabido ser negra alguna vez ahora estaba roja, roja bordó, roja escarlata, roja del rojo de sangre y tenía papel higiénico, Carilina o símil por todos lados. Le pregunté por las chicas y sin poder parar los temblores me dijo que habían ido a buscar “cosas,” cosas para arreglar esto.
Estaba a punto de llorar, pero no lo hacía. Y yo que no sabía qué hacer sólo me limité a sacarlas de la cartera, digo que saqué de la cartera la bolsita con pasas de uva negras y se las ofrecí. Ella dijo que no, que vaya a buscar a las chicas, que quería que esa sangre parara para poder irse. Pero yo consideré que era mejor quedarme con ella. Todo lo que hacía era mirarla atónita mientras engullía una pasa tras otra sin poder parar[1]. Y entre pasa y pasa le pregunté que cómo había pasado y ahí me explicó;
-Es que algún pejerto rompió una botella de cerveza y la dejó tirada. Yo estaba sentada en esos sillones, (en los que, bytheway, he dormido más de una siesta …. Sabrás que soy famosa por tener la habilidad de dormirme en cualquier lado y esos sillones no fueron la excepción) y no sé de repente sentí como húmedo el pie y cuando se prendió una de esas luces que te enceguecen miré y tenía sangre por todos lados. Entonces vine acá al baño.
En eso llegaron las chicas con un arsenal de cosas de botiquín y un par de tragos para que le volvieran los colores. Ella manteniendo su abstemia les dijo que no tomaba nada, entonces le fueron a buscar coca cola y se la dieron con azúcar. Improvisaron un apósito con algodón y 700 kilos de cinta. Su dedo parecía embalado para ir a Siberia o Alaska o algún lugar donde hiciera mucho frío, cosa que no funcionaba para un Bs As en pleno diciembre.
Lo que pasó después me lo contó ella el lunes en la escuela cuando jugaba a la paraguaya. Es que tenía el uniforme. Pollera, corbata camisa y … y una ojota! Claro que todo esto era porque todo el vendaje le impedía calzarse con algo cerrado. Entonces me dijo que había terminado en el hospital a las siete de la mañana de un domingo tomando mate con facturas en la guardia con los médicos. Y que así, así entre mates, facturas e hilos verdes había nacido la más chiquita de sus cicatrices … su cicatriz pasa de uva del dedo meñique.
[1] Nota de la autora: Esta foto de ella comiendo pasas de uva mientras yo me “desangraba” en el baño de un sucucho bolicheril está dentro del top 3 de las imágenes más surrealistas de mi vida.
sábado 21 de junio de 2008
Cicatrices: La cicatriz mariposa
Nací una tarde de primavera. El cuerpo que me tocó en suerte fue el de una infante. Yo le calculo que en ese entonces ella tendría unos 3 ó 4 años. En realidad ya pasó tanto tiempo que no sé. Digo 3 ó 4 porque ella vestía uno de esos cosos a cuadrillé que usaban los infantes (o elefantes, como decía ella. Porque claro después me vengo a enterar que según ella ... ella iba al jardín de elefantes). Me acuerdo que el suyo era rosa. Y tenía una bolsita haciendo juego, una bolsita con una vaca y una flor estampadas. -Claro!- pensé yo cuando la vi …- tiene una flor porque es un jardín- y a partir de ahí, a partir de ahí todo empezó a tener más sentido….
La cosa fue más o menos así: llegaron con la ambulancia que vociferaba como vociferan todas las ambulancias a lo niu, niu, niu y se encontraron con quien sería su doctor es decir mi partero, mentor o creador. Él la miró y preguntó –qué le pasó?. A lo que una de las dos personas, mucho más altas que ella pero que usaban ese coso a cuadritos también sólo que en otro color, respondió algo así como: - No sé. Estaba lo más bien en el tobogán hasta que de repente gritó algo como “mariposa!” Se tiró, se golpeó con el clavo de la hamaca y empezó a sangrar.
La dueña del cuerpo que alquilo, sólo temblaba. No lloraba, pero temblaba como una hoja y cerraba los ojos. Con el tiempo todas las cicatrices que habitamos su cuerpo descubriríamos su modus operandi, quiero decir esto del temblequeo es normal en ella cuando sangra. El doctor le levantó la cara y la miró. Fue en ese preciso instante que yo, que todavía no era yo porque no existía, pude espiar por el tajo que se abría en su ceja derecha y así le vi la cara a mi autor.
-Mmmmmm, a ver qué tenemos acá?- dijo él. – Flor de corte- siguió. (Y ahí me cerró aún más todo este asunto del jardín). – De seguro que hay que darle algunos puntos y quizá, quizá haya que hacerle…. Esperó unos segundos y gritó:- Raquel!
En eso llegó Raquel que, para la poca sorpresa de todos, resultó ser una enfermera y él le dio unas indicaciones de las que no entendí ni medio.
Cuando se le acabaron los tembleques y entonces pudo entreabrir un poco los ojos, mientras una de las altas a cuadrillé le sostenía unas gasas para pararle la sangre, el doctor le preguntó a la “enana de jardín” (ves! Más lo pienso y más me cierra todo esto del jardín) que qué le había pasado. Y por fin le escuché su voz, que oh! Sorpresa … Temblaba! Digo que la voz le temblaba - Es que, es que … es que yo quería agarrarla, yo quería agarrarla!- balbuceó y volvió a cerrar los ojos.
Con toda la paciencia que encontró el médico la acostó en la camilla, llamó a Raquel y a otro dr nosécuánto En eso llegó otra alta sin cuadrillé pero que resultó ser más importante que las otras dos, algo así como la madre con el tiempo me vine a enterar….
Volví mi atención a los médicos y todo lo que escuché fue una discusión que decía algo así como –y está muy cerca de la zona del inicio de la nariz, habría que ver bien cómo se comunican los nervios de las dos partes creo que habría que hacerle la mariposa. –Sí, sí- asintió el dr nosécuánto- indudablemente es un trabajo para la mariposa … (no necesito decirte que este meollo del jardín me hace aún más sentido, no?)
Al escuchar eso, más que eso esa palabra “mariposa”, toda ella se aflojó. –Mariposa, mariposa te atrapé- con el tiempo le contó su mamá que había dicho ella antes de dormirse por la anestesia. Claro, yo puedo confirmarte esto porque estaba ahí en el mismísimo lugar de los hechos, es decir en el tajo de su ceja esperando por nacer. Los dos doctores hicieron una cantidad de cosas que no puedo reproducir porque mi ansiedad por salir ocupaba todo para mi en ese momento. Finalmente agarraron hilo y aguja y terminaron toda la pequeña carnicería al grito de –ya está, como nueva-
-Eh!!! Hey!!! Y yo, y yo para cuándo- grité- y nadie escuchó, claro- Y yo, y yo tuve que esperar unos días más para convertirme definitivamente en lo que soy su cicatriz embufandada de la ceja derecha.
martes 17 de junio de 2008
Cicatrices
Recorrer los cuerpos en busca de cicatrices es algo así como recorrerlos en busca de historias. Si uno busca detrás de cada una de ellas de seguro que encuentra una historia, un cuento, una aventura, algo que merece ser contado.
Si alguien recorriera mi cuerpo con la suficiente paciencia y dedicación encontraría tres. Tres cicatrices casi imperceptibles, salvo para aquel navegante embarcado en la ardua y difícil misión de encontrarlas … y para mí, claro está que me conozco y las conozco bastante.
La primera de ellas vive en la zona de las cejas. Más precisamente en la ceja derecha. Es una cicatriz que en invierno no sufre el frío porque tiene bufanda, razón por la cual rara vez se resfría o moquea, pero en verano puede llegar a sufrir de calor. Es una cicatriz que pasa tan pero tan desapercibida que a veces sólo se la nota al tacto, sin embargo es capaz de separar la ceja así en dos: una parte grande y otra chiquita.
La segunda mora en uno de mis pies. Es la más chiquitita de las tres, no sólo porque vive en el dedo meñique sino porque sólo tiene un punto de alto. Fue una cicatriz de madrugada y nació rodeada de pasas de uva.
La tercera, y por ahora última, eligió vivir en mi nariz. Quizá sea porque no le gusta la soledad, quizá por eso quiso vivir cerca de otra, para tener una vecina para poder hablar o visitar o algo. Como sea ésta resultó ser la más coqueta de las tres. Nada de hilo verde o de matambre para coserla. Ella se aseguró de que su hilo combinara con el color de mi piel. -“Este no, este sí” cuenta ella que habría dicho el médico el día que la vio nacer.
Tres cicatrices, tres puntos en mi mapa, tres historias. De las otras cicatrices también tengo, de ésas que no se ven pero que molestan y duelen … pero bueno ésas, ésas son historias que nada tienen que ver con éstas.
Premisa
Como les decía mezcolanza de realidad e imaginación de manera tal que nunca sepas cuál es la realidad y cuál la imaginación. Así, y en una de ésas, yo también tenga la suerte de que algún gigante, siamesa chinezca o niñita en patas venga a visitarme a mi funeral.
